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"El don Quijote poeta"

"Amor y compromiso social"
antipoemas
Ed. Onyx, 2005
Extracto


Poeta
no es el que escribe versos,
el que por el mero hecho de escribirlos
se hace llamar poeta.
Poetas
son todos aquéllos que de su vida hacen un poema,
los que viven en poesía
- aunque ésta sea cruel -
y buscan la belleza, el amor, la justicia y la paz
en el mundo que los rodea.
El hombre de la calle
también puede ser un quijote poeta.






Sí, siempre hacia adelante,
sin mirar al pasado ni al futuro,
con la lanza de la locura pronta
para luchar en el ahora,
en solitario
- como el Caballero de la Triste Figura -,
sin escuchar las voces de los cuerdos
que te llaman temerario
porque no perteneces a la horda de gusanos
que sufren la locura colectiva de subsistir.
Siempre hacia adelante,
en solitario,
haciendo oídos sordos a la chusma de políticos,
militares, clérigos, farsantes...
que viven para hablar,
comer y engordar con el erario público,
que ponen los ojos en el culo del poder
pisoteando los derechos humanos,
prometiendo a todo quisque ínsulas baratarias
con cantos de sirenas
y platos de lentejas para enanos.
Siempre hacia adelante,
en solitario
- poeta andante -,
la voz dirigida al pueblo
- del que saliste y al que perteneces -
indiferente a la galería de cerebros bienpensantes
y al vulgo complaciente :
poesía sin música,
con la que pudieran entretenerse
artistas del bien decir, ociosos caminantes :
doctores, curas, bachilleres, barberos, generales.
Siempre hacia adelante,
en solitario,
despreciando riquezas, concursos, honores, recompensas.
La muerte acecha
y los guasanos del cementerio no tienen preferencia
entre un premio Nóbel, un obispo, un presidente
o un poeta quijote
satisfecho de vivir para los otros
y de morir entre la miseria.





Primera parte

Capítulo I

No podrás ir muy lejos
- querido quijote poeta -
si antes no haces el vacío en tu cerebro,
si no se te seca de lo vivido en la inconsciencia
y no pierdes el juicio a los ojos de los cuerdos
que se sientan a la vera del camino
para llenar el vientre y recuperar fuerzas.
Sólo los locos, caballeros andantes,
- pobres en viandas y ricos de espíritu -
pueden nutrirse de sueños, de esperanzas, de
principios,


y poner su existencia al servicio de sus semejantes :
enderezar entuertos, deshacer agravios, vivir en peligro,
dejando las huellas de sus actos en la vida de los otros
y así entrar en la eternidad
- no inmortalidad -
a la que todo buen caballero aspira.
Pero adereza tu coraza,
levanta la visera del yelmo
para ver desde lejos la injusticia
y esquivar al mismo tiempo
los golpes de la realidad;
limpia las armas
- lanza, lengua, pluma, espada -
y búscate una dama en quien soñar,
una dulcinea con quien compartir tus sueños
y ofrecerle tus conquistas de amor universal;
como dijo nuestro Hidalgo de la Mancha
el caballero andante sin amores
es árbol sin hojas y sin fruto,
y cuerpo sin alma.

 
II

En silencio, sin ruido, sin esperar aplausos,
ensilla y monta en tu fiel caballo de batalla
para emprender el camino,
un camino que a veces te resultará largo y anodino.
Mientras lo haces
prepárate a vivir los sucesos del momento,
piensa en tus proyectos del día,
en la verdad que conquistar,
en la eternidad que conseguir ya en esta tierra
y en el amor a la señora de tus sueños que te espera.
Aprende a rumiar de tu compañero rocino,
saborea la vida en cada instante de tu caminar
hasta que el sol de la tarde te derrita los sesos
- si alguno te queda -
y puedas encontrar un castillo
a la altura de tus esperanzas y anhelos
para felizmente descansar.
Sin olvidar, eso sí,
que tus arreos son las armas
y que tu descanso es pelear.
Siempre encontrarás dos putas y un ventero
- el hábito no hace al monje -
con corazón de doncellas y apariencia de châtelain
que te ofrecerán sus servicios
a ti, poeta andante,
libre esclavo de la humanidad.

 
III

Y en cada castillo al que llegues
encontrarás un castellano con su séquito
que te adulará.
No siempre recibe a un huésped de tu especie,
poeta viandante, intelectual,
bufón de circunstancias para la galería.
Nunca te hablará de igual a igual,
porque se siente acomplejado ante tu locura,
porque tú no llevas ni una blanca
- tú no eres de los suyos, de quien aprovechar -,
tus bolsas no están bastante herradas,
como dicen y aconsejan los libros de caballería.
¿Se ha visto algún caballero con dinero?
Para el castellano, falso rico,
el poderoso caballero es don Dinero.
Lo tuyo es velar las armas,
vivir en poesía tu locura social.
Y si algún arriero, baja canalla, te lo impidiera
no dudes en utilizar la lanza, la lengua o la pluma
para dejar asentada la verdad.
Luego vendrá tu recompensa :
te armarán caballero poeta como deseas.
Tanto el castellano como las princesas a que da cobijo
se pondrán de hinojos a tus pies :
el ventero para pedirte que dejes en paz la hacienda
y las rameras para ceñirte la espada y calzarte la espuela,
listo para continuar el viaje
hacia la eternidad que buscas ya en esta tierra.

 
VII

¿No será mejor estarse pacífico en su casa,
y no irse por el mundo a buscar pan de trastrigo,
considerando que muchos van por lana y vuelven trasquilados?

Ése es el razonamiento del vulgo,
la voz de la pereza, del miedo,
la falta de ideas e ideales en el pueblo.
Han muerto todos los mitos,
desde Sísifo y don Quijote hasta Marx,
y con ellos hemos muerto nosotros mismos.
Pero todavía quedan aventureros que buscan pan de trastrigo,
que leen los periódicos, escuchan la radio
y ven la televisión
- los libros de caballería del momento -,
espejos tristes de la pesadilla contra la que luchar,
y en ellos encuentran la voz de la conciencia,
la fuerza para salir por los caminos
en busca de libertad.
Para ello necesitan escuderos,
sanchos, consejeros y amigos con quien hablar,
- o lo que es igual,
para escuchar el eco de sí mismos -
y en la resonancia de ambas voces
descubrir los verdaderos peligros.
El caballero viandante
debe llevar a sancho consigo
si no quiere pasar al margen de la realidad.

 
VIII

¿Dónde más fácil
- si fuera fácil -
hallar el pan de trastrigo
que en los molinos de viento?
Esto sería lo lógico,
pero no en la mente de un caballero
- ese poeta comprometido con el pueblo -
que donde el vulgo ve molinos
él ve el peligro de los gigantes,
los tentáculos del poder,
el cochino imperialismo.
No, no son molinos de viento,
son máquinas de guerra
que aplastan la libertad del pueblo
- su pueblo -,
que siembran la miseria en las ciudades,
en los campos, en los desiertos.
Esos gigantes, enanos de espíritu,
se presentan como molinos
- dioses de la abundancia -
que prometen pan y vino a los sanchos
para que - pasada la batalla -
lo coman y lo beban muy de su despacio
apoltronados en su borrico
- olvidando toda ideología e idealismo -
y con la barriga llena
puedan dormir tranquilos hasta el próximo conflicto.
No son molinos de viento,
son multinacionales farmacéuticas,
trusts de algodón, frutas o café,
holdings industriales de productos transgénicos,
cadenas de comida rápida,
cartels de drogas alucinógenas o políticas,
fábricas de armas vendidas a “buen precio”,
lobbies de bancos internacionales con guante blanco,
son pozos de petróleo,
- surtidores-brazos de oro negro
capaces de romper cuantas lanzas se estrellen contra ellos -.
Pero, ¿qué sería del pueblo sin voz
- maltrecho por el hambre y la sed de justicia -
si no hubiera caballeros andantes dispuestos
a dejar el pellejo entre las aspas del poder
denunciando sus atropellos?

 
XI

Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia: aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni a visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre, que ella, sin ser forzada, ofrecía por todas partes de su fértil y espacioso seno, lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a sus hijos que entonces la poseían.

No sólo es el caballero juglar el que aquí habla,
sino el poeta libertario,
el que a los humildes cabreros descubre con nostalgia
lo que fuera edad de oro
- cuando “lo tuyo y mío” no existía -,
lamentando la edad de hierro en que vivimos.
Con el hierro se colonizó América,
con el acero se dominó África,
con la metralla se saquean los recursos naturales
de los países subdesarrollados - su subsistencia -.
Ahora existe “lo tuyo” y “lo mío” :
lo que fue vuestro - la riqueza -
ahora es nuestro,
lo que fue nuestro - la miseria -
ahora es vuestro.
Y esto violentando el mar, el aire, la tierra
y a cuantos hijos subsisten en ella
- talando los bosques,
dejando agujeros de ozono
y sembrándola de residuos nucleares -.
Ya sabemos que este lenguaje
no lo comprenden los castellanos,
los señores de la guerra
- demasiado simplista para ellos -,
tampoco lo entienden los sanchos
- las bellotas y el zaque de vino les bastan -,
los cabreros, embobados y suspensos, escuchan el discurso,
pero no tienen más respuesta - y no es poca -
que la música del amigo, también poeta.
Sólo queda la esperanza de que los caballeros andantes
- amantes del hombre y de la naturaleza -
tomen la espada de la locura socioecológica
e impongan la ley del equilibrio y la igualdad
en nuestro planeta Tierra.

 
XII y XIII

El peligro de la vanidad te acecha.
Has leído muchos libros,
pero, quod natura non dat
Salmantica non præstat;
la humildad pertenece a la naturaleza.
Ésa puede manifestarse enseñando al que no sabe
- obra que llamaron de caridad,
hoy, obra social -,
si bien teniendo conciencia y demostrando que
el que mucho sabe, más ignora.
¿Y qué decir de la alta estima que tienes de ti mismo?
El verdadero caballero poeta
no es ciertamente un cartujo,
pero tampoco es ministro de Dios en la Tierra
- ¡gracias a Dios! -.
Acuérdate de los aventureros que
- a través de los siglos -
han pretendido salvar al mundo
utilizando la cruz y la espada al mismo tiempo
- armas hechas de la misma materia -
y lo único que han conseguido siempre
ha sido crear más y más miseria.
Los ejes del mal no existen,
existen los halcones que los crean
y que en nombre de Dios roban y matan.
Pero, ¿qué Dios es ese
que está del lado de las multinacionales
que chupan la sangre del pueblo,
amparadas por las leyes y por la fuerza?
Tú estás llamado a luchar contra ese Dios
inventado por los eternos imperialismos y fascismos
para ponerlo como escudo ante sus asquerosas conciencias.
Tú eres el caballero errante
que pone su brazo al servicio de los flacos y menesterosos,
que deja en paz a Dios en el cielo
y antes de comenzar la batalla
se encomienda con fervor a su dulce dulcinea,
amor que abarca a todos los hombres de la Tierra.
¿Quién ha dicho blasfemia?
Tan natural es al caballero andante tener un amor
como al cielo tener estrellas.

 
XVI

Ya es hora, hidalgo altivo,
de que admitas la culpa de tus fracasos
y sientas en tu cuerpo los impulsos de la carne.
No hay superhombres,
tú bien lo sabes;
el otro yo -tu sancho-
te lo repite en todo instante.
Es duro reconocer sus faltas
y sentirse simplemente hombre.
Por eso, ante los otros,
no reconoces las causas de tus errores,
y cuando sientes en tu carne
la carne de las maritornes
- por castas que éstas sean -
te inflamas en deseos de poseerlas;
sin embargo, tu orgullo te lo impide
- ¿o tu impotencia?... -
y pones el pretexto de tu cuerpo indispuesto
o del amor que te espera en otra parte.
Pero te gustaría vivir peligrosamente
con una amante en cada castillo al que llegues
y una sola dulcinea a quien consagrarte.
¿O acaso tienes miedo
de que tus aventuras amorosas terminen en celos
- tu boca en sangre -
como le sucedió a nuestro Caballero andante?

 
XXII

¿Por qué insistes en administrar la justicia,
tú, que sólo eres un poeta al servicio del pueblo,
del que has salido y al que perteneces?
¿No temes equivocarte?
Las leyes están hechas para todo el mundo.
Y tú me respondes :
sí, pero a la medida del que las hace,
quien hizo la ley hizo la trampa.
Y es cierto;
la ley a menudo se ensaña con los débiles
- es más fácil -
y deja libres a los poderosos,
a los ladrones o criminales de cuello y guante blancos,
a los que tienen dinero para pagarse un abogado,
a esos mismos responsables que castigan
porque necesitan un chivo expiatorio para sus planes.
¿Has oído hablar del corredor de la muerte?
¡Cuántos inocentes se pudren en las cárceles
o se ajustician
en nombre de lo que llaman errores judiciales! o
- lo que es igual -,
en nombre del dinero que el reo posee
para pagar “los servicios” de los abogados y jueces.
Pero tú, ante la duda, prefieres salvar a un inocente
con el riesgo de dar la libertad a dos maleantes.
Las leyes ¿no están hechas por los hombres?
Pues de humanos es también equivocarse,
y es deber tuyo, poeta celoso,
no luchar contra el espíritu de la ley,
sino contra los que la hacen :
denunciar la prepotencia de los legisladores
y las prácticas maniqueas de sus brazos seculares,
pero sin administrar la justicia según tu talante.

 
XXIV

(...) porque, aunque pusieron silencio a las lenguas,
no lo pudieron poner a las plumas,
las cuales, con más libertad que las lenguas,
suelen dar a entender a quien quieren
lo que en el alma está encerrado.
Y así ha sido a través de los siglos
desde antes que Miguel de Cervantes lo escribiera;
la pluma es el medio o instrumento por excelencia
para comunicar - incluso en tiempos de catacumbas -
lo más recóndito de nuestro ser.
La tinta es la sangre, la pluma el alma.
De alma y de sangre queda impregnado para siempre el papel
cuando el poeta viajero hace el camino,
cuando cuenta su historia de amor
o cuando exige la justicia en el mundo.
Tiranos ha habido que han cortado las lenguas
a fin de que se cumplieran sus designios.
Demasiado tarde;
cuando quisieron poner silencio a las lenguas
ya estaba escrito en los libros,
y plumas andantes continuarán naciendo y escribiendo
en cada encrucijada del camino.

 
XXV

El verdadero poeta
- el loco comprometido -
no es el que tiene una razón para serlo,
sino el que la busca,
el que crea situaciones de locura
dándole un sentido a su existencia.
Es un cuerdo sin sentido común,
sin lógica aparente,
el que donde su otro yo, sancho,
ve una bacía de barbero,
él ve el yelmo con el que defenderse
- o defender a sus semejantes -
de la cordura de los simplemente cuerdos.
Es el que hace el mundo a su medida,
antagónico del que los otros llaman real y lógico.
Es el que denuncia los mecanismos del poder racional :
blanqueo de dinero en paraísos fiscales,
inversiones de capitales en países del Tercer Mundo,
con mano de obra barata de mujeres y niños esclavos;
es el que delata la contradicción de los Estados capitalistas
que roban las riquezas en países atrasados
y evitan que su pobreza “ensucie” el mundo occidental;
es el que denuncia
la hipocresía de permitir la infiltración de ciertos emigrantes
con derecho a la explotación, pero...
sin derechos sociales!;
el que delata la astucia del poder económico y político,
que poco les importa el color de la piel,
siendo incoloras sus ganancias.
El poeta andante comprometido va por el mundo
- ridículo a los ojos de los cuerdos -
cuando confiesa su amor universal,
cuando con su pluma, su lengua o su espada
ataca a los mercenarios de la sociedad.

 
XXVI

Reflexión y acción
o acción en la reflexión
son la vocación del caballero poeta.
De la vida interior
nace la fuerza de convicción frente a los otros,
la riqueza en el contacto humano;
la vida interior
es el cigüeñal, fuente de la acción.
Si en nuestra sociedad existen soldados
cuyo fin es la lucha por una causa
- justa o no -
y existen monjes
consagrados a la contemplación,
el poeta viajero reúne los dos objetivos
en una sola vida y en un solo concepto :
el del amor.
Es el místico o asceta que,
después de pasar la noche oscura en contemplación,
busca el bien de la tierra
por medio del amor.
 
XXVII y XXVIII

Pero no creas, poeta enamorado,
que sólo existe
un amor platónico y universal
llamado dulcinea;
también existen amores individuales
que se llaman luscinda, cardenio, fernando, dorotea;
amores que no tienen el origen en la imaginación y belleza
sino en el dinero, en los celos, en el sexo, en la miseria;
amores de andar por casa
- de todos los días -
que el ser humano arrastra
llevado por la rutina de vivir en un mundo
en el que no existe la confusión
de tomar un ventero por castellano
o una sirvienta por princesa;
amores hechos a la medida del que camina
buscando en su existencia una compañía,
un ser de carne y hueso que lo comprenda.

 
XXIX

Después de pasar la noche oscura con tu amada
y de atravesar el desierto como místico asceta,
ponen en tus manos y a tus pies
lo que más codicias en el mundo :
la fama y la belleza,
cebo a lo que aspiras con toda tu alma :
que se haga justicia en todo el planeta.
Hasta ahora eras tú
el que creabas cada día el mundo;
ahora son los otros
los que, con la máscara de la adulación,
quieren llevarte al suyo
como si fueras tú el que lo creas.
No es nueva esta artimaña.
La lisonja, el elogio, la zalamería, el aplauso, la zanahoria...
son casi siempre el preludio a una puñalada trapera.
Desconfía de los que así te tratan, hideputas,
y escribe y actúa como te dicta tu conciencia,
pues curas y barberos siempre habrá
que seguirán dando razón a la Santa Hermandad
y que, poniendo a Dios por testigo,
decidirán dónde está el bien y dónde el eje del mal;
pero ese mal, según parece,
también tiene su Dios
y en su nombre exhorta a sus siervos
a luchar contra la Santa Hermandad - Satanás -
con careta de bien.
De la codicia de los unos
y del egoísmo criminal de los otros
nacen los galeotes de los caminos
a los que el poeta loco
- según su religión -
debe defender sin preguntarse por los crímenes cometidos.
Y aunque existieran esos crímenes,
¿dónde tienen su origen
y quiénes son los culpables de que los forzados
lleven las cadenas de la miseria
como propia de su destino?

 
XXXII

Si atentamente miras,
verás en el mundo atrocidades;
las historias llenas de mentiras
y las fábulas llenas de verdades (L. Felipe).
¡Cuántas veces se han quemado libros
y se seguirán quemando
porque dicen mentiras!
¿No será , más bien, porque dicen verdades?
La verdad siempre molesta
cuando se denuncia la ignorancia, el egoísmo,
el veneno del poder, la injusticia, la miseria...
Boca de verdades, cien enemistades.
Y los barberos, curas o generales
queman los libros porque no pueden quemar a sus autores :
novelistas, poetas, músicos, pintores, intelectuales...
La ficción
- basada siempre en lo real -
hace más milagros en el alma del pueblo
que todas las historias juntas de santos tontos
o de hazañas militares.
No es la historia de los muertos
la que mueve el corazón del hombre,
es la vida de los vivos,
la que vivimos cada día nosotros mismos
subyugados por el poder
- visible o invisible -
que reflejan esos libros.

 
XXXVII y XXXVIII

Me lo pones bien difícil
- querido trovador viajero -
cuando disertas sobre los oficios de las armas y de las letras.
Sí, tú, poeta comprometido con el pueblo
- hijo de ese pueblo -,
te deshaces en elogios por el arte y el ejercicio de las armas.
Pero hay poetas sedentarios
que utilizan el arma de su pluma - las letras -
para conseguir el mismo objetivo :
la paz de espíritu.
Me pregunto, pues,
si no serán complementarios estos dos oficios;
no creo que esté reñida
la profesión de las armas con la de las letras.
Un poeta sedentario, lírico por naturaleza,
puede tomar las armas en un cierto momento
cuando se lo dicta la conciencia;
y un poeta errante,
por medio de su poesía épica,
puede llevar la paz a los que junto a él caminan :
nunca la lanza embotó la pluma,
ni la pluma la lanza.
Cuando estoy de acuerdo contigo,
es cuando te lamentas de las nuevas formas de guerra,
hecha a base de máquinas - con pólvora y estaño -,
donde no hay lugar para la pluma ni para la espada
- y aún menos para el diálogo -;
hoy se llaman bombas nucleares
- armas del poderoso -
o armas bioquímicas
- bombas del pobre -
que unas manos negras utilizan a distancia, sin dar la cara,
para imponer la ley del más fuerte, la de la selva,
sembrando la muerte, el sufrimiento y la miseria.
Es más rentable fabricar armas que matan masivamente
para hacer funcionar el mercado multibillonario de la guerra
y comercializar los productos farmaceúticos de las multinacionales,
que elaborar vacunas naturales a precios asequibles
para enfermedades como la malaria,
sabiendo que un dólar equivale a una vacuna,
una vida en Àfrica.

 
XXXIX al XLII

La historia se repite.
Las guerras de moros y cristianos
siguen funcionando en el mundo civilizado.
No es la religión la que divide,
sino los políticos y militares que la explotan
poniendo a Dios, Jehová, Alá como escudo de su codicia.
Es el egoísmo, la ambición del poder,
el cinismo de los grandes (enanos) y sus caniches
los que hacen las guerras de religiones
que al pueblo separan
-”guerras limpias”
con “ataques quirúrgicos”
y “bombardeos selectivos” que matan -
Pero ellos no están en la brecha.
¿Cuántos presidentes o generales han muerto
en los actuales campos de batalla?
¿Cuántos de sus hijos o hijas han sido heridos en la guerra?
Es el pueblo el que lucha y sufre.
Abierta la herida del hambre,
del sufrimiento, de la pobreza, de la miseria...
- daños colaterales...-,
el odio entre los pueblos avanza
y los carroñeros del poder se aprovechan.
Antes de que estallaran esas guerras
moros, judíos y cristianos se entendían,
trabajaban juntos,
se amaban.

 
L

Con hipócrita comprensión
te hablará un clérigo
que hiera tu amor propio,
te diga lo que os conviene a ti y al pueblo,
te hable con la cabeza
- no con el corazón -
como suele hablar la Iglesia
- sea cual sea su religión -,
de acuerdo con el poder político
que quiere salvar al mundo
como buen padre de familia.
Ni tú ni el pueblo tendréis razón;
sois unos niños caprichosos sin proyectos de vida
ni visión del nuevo orden que os protege,
y os manifestáis y pataleáis por cosas nimias :
aumentos de salarios, privatizaciones de empresas,
globalización, guerras preventivas...
Habéis leído demasiados libros de caballería
que os funden el seso
y os inducen al pecado de la revolución.
Qué palabrota tan grosera ésa
- heredada de los ateos comunistas -
en tiempos como los nuestros
en que, hasta la misma guerra,
políticos, militares y clérigos,
la hacen en nombre de Dios.
 





Segunda parte

Capítulo I

Caballero andante he de morir...
con las botas puestas y consciente
de haber cantado las cuarenta más de una vez.
¡Ah, señor rapista, señor rapista,
y cuán ciego es aquel que no vee por tela de cedazo!
Y lo peor es
que si todos los ciegos volaran
no veríamos nunca el sol.
Ya no sólo están cegatos los barberos,
los curas o las sobrinas,
que insisten en querer verte loco,
también lo están los estetas de la política,
los oficiales de la poesía,
aquellos en que predomina
la arrogancia sobre la valentía,
la teórica sobre la práctica de las armas,
la palabrería sobre la pluma activa.
Son muchos los poetas, seudopoetas,
que no ven por tela de cedazo
- o no quieren ver -
porque el unto del poder y los aplausos
son más atractivos y rentables para su espíritu
- si aún les queda -
que descabezar, como dicen, el sueño,
o lo que es lo mismo,
que mojarse el culo cogiendo peces en invierno,
como lo hiciera en otro tiempo la caballería andante
- la poesía -.
Y otra vez digo que Dios me entiende...


III y IV

Así es, replicó Sansón (plagiando a Aristóteles, c.IX de “Poética”) : pero uno es escribir como poeta y otro como historiador : el poeta puede contar las cosas , no como fueron, sino como debían ser; y el historiador las ha de escribir no como debían ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad cosa alguna.

Ocho millones de muertos en la primera guerra mundial,
cincuenta millones en la segunda,
dos millones en la de Vietnam,
cuatro millones en las últimas guerras de África,
un millón en las de América central,
y muchos millones más
en una larga lista de guerras y de muertes difícil de enumerar.
Sólo entre 1990 y 1995,
cinco millones de muertos en los últimos “conflictos”
- víctimas civiles en su mayor parte -,
sin contar las muertes por malnutrición de los niños
- seis millones, sólo en 1997 -,
daños colaterales de esas guerras...
¿Y cuántos aún en las de Irak y Afganistán?...
Así hablaría el historiador
- con cifras más bien a la baja -.
El poeta andante se preguntaría :
¿Cómo es posible
que los responsables de esas muertes
y de los sufrimientos que comportan,
unos hayan muerto en baño de multitudes y olor de santidad,
otros terminen sus días en palacios dorados,
algunos hayan recibido el premio Nobel de la Paz,
otros sigan exterminando pueblos
y saltándose a la torera las leyes internacionales
- con el beneplácito de los grandes -,
otros sean recibidos como héroes allí donde van,
otros sigan escondidos en jaulas de oro
- con el mismo beneplácito -,
y otros, un largo etc., etc., asesinos de la paz,
nunca fueran juzgados ni lo serán?
¿Cómo es posible, cómo es posible,
con tanto tribunal internacional?
Las víctimas ya no pueden hablar
y a sus familias ya no les queda voz
- ¿es que alguna vez la tuvieron? -.
Sólo cuenta la economía de las grandes potencias,
cuando los clérigos y los políticos deciden
dónde están el bien y dónde el eje del mal;
la muerte y los sufrimientos de los demás.
Simplista el análisis del poeta - se dirá -,
pero ésa es la cruda y cruel realidad.

 
¡Ah, buscador de gloria, buscador de gloria!
¿Conque, querido hidalgo,
una de las cosas que más debe dar contento a un hombre virtuoso y eminente,
es verse, viviendo, andar con buen nombre por las lenguas de las gentes,
impreso y en estampa?
¿No estarás buscando honores,
olvidando los medios y el fin que te has propuesto
como poeta andante?
¿Dónde quedan las buenas intenciones
de deshacer agravios y enderezar entuertos
- hasta tu sancho te lo recuerda -
y defender a los flacos y menesterosos,
que, como bien has dicho,
es deber de los buenos caballeros andantes?
No te fíes de los sansones carrascos
- críticos aduladores -
que, cuando hablan o escriben sobre ti
- si no se pitorrean de tus acciones -,
piensan en sí mismos,
en su fama como escritores.
Recuerda lo que dijiste antes :
Caballero he de morir;
y escucha tu eco en sancho :
Sancho nací y Sancho pienso morir.

 
VI

...Ni todos los que se llaman caballeros lo son de todo en todo,
que unos son de oro, otros de alquimia, y todos parecen caballeros,
pero no todos pueden estar al toque de la piedra de la verdad.

¿En qué se diferencian?
En sus obras.
Cuando a un poeta viajero no lo entendáis
- falso poeta -
preguntadle qué ha querido decir.
Os lo explicará con más labia que con la que escribe,
pero seguiréis sin comprenderlo.
Si insistís,
os dirá que el acto de la creación es como un parto
- doloroso y difícil -,
que la poesía a veces
resulta también difícil de comprender
y no está al alcance de todo el mundo;
seguiréis sin comprenderlo.
Si lo acosáis un poco más,
con cinismo os responderá
que la obra poética, sublime como es,
no puede rebajarse a la comprensión del pueblo :
dejaría de ser poesía
y, por consiguiente, desaparecerían los poetas.
¿Pero es que esos poetas lo fueron alguna vez?
¿Para qué escriben si no es para ser comprendidos?
¿Para ellos y para sus compañeros de incensario?
¿Para alimentar el gusanillo de intelectuales malditos?
¿Para enmascarar su falta de ideas?
¿Para complacerse en un lenguaje que
inventaron para sí mismos?
Al verdadero poeta andante
no tendréis que preguntarle qué quiso decir;
cada palabra y cada signo que utiliza
tienen siempre el mismo sentido :
el valor de lo que ha vivido en su alma
para llegar directamente al corazón
de los que se cruzan con él en el camino.

 
VII

No es sancho el que duda de ti,
ni el que pierde la fe en el ideal de vuestra existencia;
es su conciencia
- tu conciencia -,
el temor de volar a mundos desconocidos
buscando una felicidad siempre incierta
sin dejar un pie en tierra.
¿Esperabas otra reacción de tu sancho?
Si no hubiera sido su mujer
la que puso obstáculos a vuestra salida,
quizá, más tarde, hubiera sido tu dulcinea,
o tú mismo, pensando en ella.
¿Quién no ha dudado de sí mismo
antes de emprender una gran empresa?
El poeta, peregrino más que nadie,
es frágil ante lo desconocido
- ante los batanes gigantes de la noche -,
ante el camino por recorrer,
ante el mundo que lo rodea.
Él no tiene objetivos que respondan
a una tranquilidad de espíritu frente a la vida :
un trabajo bien remunerado,
una casa de ensueño,
una cuenta bien provista en el banco,
el respaldo incondicional de la familia...
El poeta comprometido sólo tiene fe en sí mismo
y la esperanza de que un día
su lanza o su pluma sirvan
para llevar un poco de amor y de paz
a los desheredados de la tierra,
a los desprotegidos de la sociedad,
a todos cuantos tienen hambre de pan y sed de justicia.


 
VIII

Sí, sancho,
algunos - muchos - buscan la fama
en la destrucción de sí mismos,
en la de los otros,
o en la de ambos a la vez,
en nombre de una idea o de una religión.
La época en que vivimos
está marcada, sí, por el terrorismo
- de Estado o individual -;
pero todavía quedan caballeros andantes
- llámense frailes, médicos sin fronteras,
militantes de oenegés, intermundialistas, intelectuales...-
que buscan la gloria -bendita gloria-
en el sacrificio por sus semejantes.
Tú, sancho,
confundes la velocidad con el tocino :
crees que siendo fraile
acortas el camino para llegar a ser santo
- según la tradición -
y ser añadido a la lista de los elegidos.
Quizá fuera cierto cuando Cervantes vivió;
pero hoy se fabrican santos a paladas,
con división de opiniones
- como en las corridas de toros -
y a golpe de imágenes en la televisión.
Hoy son pocos los frailes
- y menos aún los políticos...-
que se ganan ese título a pulso.
Busca más bien el ejemplo
en los que sin bombo y platillos,
sin hábito o religión
están cerca de los que sufren :
en la brecha de las guerras,
junto a las camas de los hospitales,
en el corazón de los suburbios,
en el anonimato de las manis antimundialistas,
entre los caballeros de tu generación.

 
XIII

¡Qué hideputa, puta, eres, amigo sancho
- aunque tu madre fuera una santa! -
¿Dónde encontraste el sentido de la amistad?
¿En torno a una empanada de conejo y una bota de vino?
No, sin duda alguna.
Ha sido en el camino que has hecho
junto a tu loco caballero,
ése que tiene un alma como un cántaro,
que no sabe hacer mal a nadie,
sino bien a todos,
y que se deja engañar hasta de un niño.
¿No estarás hablando de ti
y de tu hidalgo al mismo tiempo?
¿No eres tú el que lo engañas
engañándote a ti mismo?
Aunque tú eres un poco más cínico
- ¿egoísta ?-
poco a poco
se ha ido pegando la sencillez de tu hermano mayor
en las telas de tu corazón.
Por eso lo quieres,
porque tú te ves reflejado en él,
porque él te dio la amistad y te enseñó a ver
lo bueno que todo ser humano encierra.
Por eso,
cuando te cruzas en la vida
con otro sancho que camina por el mismo camino,
le das la mano y, en torno a la mesa,
saboreáis la amistad que os ofrece el destino.

 
XVI

La poesía, a mi parecer, es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa a quien tienen cuidado de enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas, que son todas las otras ciencias, y ella se ha de servir de todas, y todas se han de autorizar con ella.

Maravillosa la descripción que haces de la poesía
- docto caballero -.
Pero si bien es cierto que
no debe dejarse tratar de los truhanes,
ni del ignorante vulgo,
no comprendo por qué no quieres
que sea traída por las calles,
ni publicada por las esquinas de las plazas,
ni por los rincones de los palacios.
A esta bella doncella,
si no le agrada ser manoseada,
sí le gusta ser acariciada por el pueblo,
ser leída en el silencio de una casa,
en la semioscuridad de un teatro,
en los bancos de las escuelas y universidades...
Las calles, las plazas, los palacios
son la meta a la que aspira la poesía.
¿Qué mayor satisfacción para un poeta comprometido
que escuchar el eco de su voz
allí donde ha dejado su huella?
Él camina y siembra
para que su semilla fructifique
en todos los rincones de la tierra.
No te hablo
de la poesía del falso poeta, que escribe
torpes sátiras o desalmados sonetos
para satisfacer las pasiones del vulgo,
sino de la del verdadero,
que nace poeta del vientre de su madre
y que busca en el arte
un modo de perfeccionar, completar la naturaleza
para una mejor comprensión del pueblo,
para que éste pueda vivir en concordia con ella.

 
XVIII

... porque no hay poeta que no sea arrogante y piense de sí que es el mayor poeta del
mundo.
- No hay regla sin excepción -respondió don Lorenzo-, y alguno habrá que lo sea y no
lo piense.

Y excepción es el verdadero poeta,
el que lo es y no se pavonea de serlo.
Tú hablas aquí, querido Quijote,
de los seudopoetas,
de los que por el solo hecho de parir versos
se hacen llamar poetas.
Pero, ¿es que los caballeros andantes no lo son?
Tú mismo dices
que la ciencia de la caballería andante
encierra todas las otras ciencias
y que es tan buena como la poesía,
y aun te atreves a asegurar que hasta dos deditos más.
El caballero andante, dices,
ha de guardar la fe a Dios y a su dama,
ha de ser casto en los pensamientos,
honesto en las palabras,
liberal en las obras,
valiente en los hechos,
sufrido en los trabajos,
caritativo con los menesterosos, y,
finalmente, mantener la verdad
aunque le cueste la vida en defenderla.
¿Qué es, si no, el verdadero poeta?
Sí, a todo eso hay que añadir su lenguaje,
el modo de expresarse, para que sus semejantes
sientan las ganas de vivir en poesía,
para que detrás de la honestidad de las palabras
encuentren la belleza de la vida
- el coraje de vivir -
frente a la supervivencia cruel de cada día.

 
XXV y XXVI

Es tu deber, caballero poeta,
desmitificar a los héroes que comen el coco al pueblo,
mitos legendarios creados por el poder
para que la masa se adormezca,
héroes actuales de carne y hueso
que el Estado pone como ejemplos de éxito,
- figurillas de retablo, marionetas -
que él manipula
para deleitar a la galería y justificar su sueldo.
Y si la desmitificación oral no basta
para abrirle los ojos a la masa,
desenvaina la espada o la pluma
y arremete contra esos embusteros
que mueven con sus tentáculos
los títeres del guiñol más abyecto :
un teatro que todo el mundo sabe que es mentira;
pero unos, por interés de arrimarse al sol que más calienta,
y otros por miedo,
ninguno es capaz de levantar la voz,
y menos
desenvainar la espada de la verdad contra el dictador
que hipnotiza al pueblo con sus muñecos
y vive él mismo del cuento.

 
XXVII

... ningún particular puede afrentar a un pueblo entero, si no es retándole de traidor por junto, porque no sabe en particular quién cometió la traición por que le reta.

Si hoy - como desde siempre -
el individuo es favorable a una guerra,
sólo será porque los instrumentos del poder
- radio, prensa, televisión -
se la presentan como justa,
escondiendo la identidad del verdadero traidor,
los verdaderos intereses por los que el poder quiere hacerla,
culpando globalmente a otra nación
o a una banda terrorista
de la amenaza imaginaria que éstas representan.
Y el pueblo envenenado
- ciego por falta de verdadera información -
se une como un enjambre de abejas
para defender su vida, patria o dios
frente al enemigo ficticio exterior,
cuando en realidad
el verdadero enemigo lo tiene en el interior :
los intereses políticos y económicos que representa ese poder
- demócrata o no -
y que generalmente no corresponden con los del pueblo.
Porque hoy casi todo mandatario es demócrata
- a su modo -
con piel de cordero y entrañas de dictador.

 
XXXII

Sí, reprimendas, insultos y descalificaciones...
Y no por bocas de nobles,
sino por las de sabelotodo, clérigos poltrones,
que no tienen más horizontes
que los muros de las iglesias vacías,
ni más ambiciones
que llenar la barriga todos los días
a costa de sus adulados anfitriones
- cuando no a costa de los pobres -.
¿Cómo puede un clérigo
- cuervo ignorante carroñero -
llamar tonto a un quijote,
entrarse por las casas ajenas,
meterse de rondón a dar leyes
y juzgar los actos de los poetas andantes?
¿Cómo es posible que esos clérigos
puedan permitirse dar consejos,
cuando la única experiencia que tienen de la vida
es la que consiguieron entre las cuatro paredes del seminario
y la que obtuvieron a la sombra de las faldas de su madre?
¿Cómo es posible que prediquen
- sin dar ejemplo -
una mística de abstinencia sensual,
de pobreza, de servidumbre, de resignación...
cuando viven en un mundo como el nuestro,
donde todas esas virtudes ya se sufren por obligación?
Sí, porque fueron educados para ser líderes de la ignorancia.
Encerrados en su propio yo,
unos van por el ancho campo de la ambición soberbia,
otros por el de la adulación servil y baja,
otros por el de la hipocresía engañosa,
y algunos - pocos - por el de la verdadera religión
- e incluso estos pocos no se ponen de acuerdo
para adorar al mismo dios -.

 
XLIV

En mal momento llegaron
los quiebros y requiebros de la “enamorada” altisidora.
Ella no sabía que tú estabas triste
- mi querido quijote poeta -,
que acababas de cobrar conciencia
de lo que es la soledad y la pobreza.
En la soledad vivimos todos,
aunque estemos acompañados;
pero tú no sólo estás solo,
sino que sientes en tu carne la soledad de estarlo,
la tristeza de las tristezas;
te falta no ya el escudero amigo,
sino la otra mitad de tu conciencia - sancho -.
Es como si el destino quisiera que te dieras cuenta
de que sin tu sancho no eres nadie,
de que sancho es la otra parte de ti mismo,
de que a través de él ves y vives en el mundo que te rodea.
Sin él no quieres vivir en la sociedad,
cierras puertas y ventanas para que ni siquiera entre
la música del amor anónimo,
por miedo a perder el que profesas a tu sin par dulcinea.
Prefieres estar solo, como poeta en trance,
gustando el amor lejano y maldiciendo la pobreza.
También te has dado cuenta de que ésta existe;
y estás triste,
no porque te falten las riquezas
- que nunca anhelaste -,
sino porque no tienes más que unas medias rotas
y careces de hilo para coserlas.
No es la pobreza la que en el fondo te duele
- teniendo como tienes para comer y beber -;
es la impotencia que sientes ante la miseria,
el no poder vivir como la otra gente,
es el complejo y la vergüenza del pecado de ser pobre.
Pero, caballero andante,
¿no te sientes poeta?
¿Qué tiene que ver la poesía con la pobreza?
La miseria que sientes
sólo es la consecuencia
de lo que la pobreza engendra
que, aunque humano, no es propio del poeta.

 
XLVII

Sí, líbrenos dios de los médicos celosos de su oficio,
porque si no nos matan de hambre
con la excusa de que los alimentos están adulterados
o de que contienen demasiada grasa,
nos llevarán a la tumba por su ignorancia.
Pero dejemos la ignorancia a parte
- lacra de nuestro siglo -
y centrémonos en los alimentos.
¿Cuántos de éstos se encuentran aún sin alterar?
Queda lejos en la historia el tiempo de los huertos
en los que se cultivaban tomates con sabor a tomate
o puerros con gusto a cielo;
queda lejos el tiempo
en el que en los gallineros las gallinas ponían huevos de oro
y en las praderas crecían los becerros sin hormonas.
Hoy, sancho, si quieres sobrevivir
- y no eres vegetariano como tu don quijote -
no tienes más remedio que ayunar
o comer lo que te echen,
sabiendo que más pronto que tarde vas a morir
de colesterol, de diabetes o de cáncer
- pecados originales de nuestro bienestar diario -.
¿Quiénes hablaron de productos transgénicos
para enviarlos a África como solución al hambre?
Los mismos que en Occidente crean productos
con sabor a muerte.
Pregúntales a los políticos responsables,
con cargos de ministros y presidentes
que siguen los consejos de sus amigos
los banqueros, empresarios, farmaceúticos...
que pagan sus campañas electorales.
Que dios nos libre de los médicos,
pero aún más de las mafias de ministros,
de banqueros, empresarios, farmaceúticos y presidentes.

 
XLVIII

La soledad, poeta eventualmente sedentario,
si no la empleas para crear,
es el mayor enemigo que puedes encontrar :
te puede hacer tomar los sueños por realidades.
Te gustaría echar una canica al aire
- ya que no estás hecho de piedra -,
pero te lo impide el orgullo,
¿o quizá el miedo a perder la paz
en tu vida de enamorado errante?
El amor a tu dulcinea
no lo protegerás encerrándote entre cuatro muros,
negando la belleza de otras mujeres;
el amor es como una piedra preciosa
que, si no la comparas con otras piedras,
terminará pareciéndote un objeto más entre tus enseres.
El amor es más fuerte cuando se vive peligrosamente,
cuando se pone en el crisol de la libertad
y se escoge libremente.
Es más fácil vivir en la monotonía
- en el gris de cada día -
que en la complejidad y pluralidad de ardores
que el amor nos aporta
si lo vivimos en libertad y con pasión.
Aún más, ¿merece la pena un amor
que no se vive con peligro
en el balanceo del trapecio de la pasión?

 
L y LII

Paternal sancho
- escribidor de cartas y amigo de duquesas -,
¿aún no te has dado cuenta
del mal que haces a tu familia - a tu pueblo -
alimentándolos de sueños?
El poder se servirá de ti
para que olviden la realidad de cada día,
echándoles de comer
lo que ni siquiera comerían los cerdos :
falsas sartas de corales con extremos de oro
o perlas orientales,
partidos de fútbol, folclore,
telebasura, concursos, series sentimentales
y morbo, mucho morbo, en los reality-show
de todas las televisiones.
¿Cuándo te darás cuenta
de que tus sueños de grandeza repercuten
en la vida del pueblo maleable?

 
LI

Y las leyes que atemorizan y no se ejecutan,
vienen a ser como la viga, rey de las ranas,
que al principio las espantó,
y con el tiempo la menospreciaron y se subieron sobre ella.

¡Cuántos reyes de ranas y ranas
existen en nuestras ínsulas baratarias!
Y no es porque a los reyes les falte coraje
para hacer cumplir las leyes,
sino porque les falta el deseo,
la volundad de que se cumplan.
A río revuelto, ganancia de pescadores, de reyes,
de mafiosos, de ministros, de jueces,
de pedegés, de chorizos, de violadores...
Además, ¿por qué cumplir las leyes
si de antemano saben las ranas
que después de un poco de tiempo en la jaula
van a poder volver al río revuelto
y nadar a sus anchas?
Eso sí, querido poeta del pueblo,
no hace falta que a esos gobernadores les aconsejes
visitar las cárceles, las carnicerías, las plazas...
y que les digas que su presencia en los mercados
es de mucha importancia.
Ellos saben bien
que ante las elecciones
tienen que dejarse ver por esos parajes
- en camisa y sin corbata si es posible -,
y si es necesario, para ganar electores,
comerse la fruta podrida que venden los mercaderes,
inocentes incondicionales de sus patrañas,
de sus promesas irrealizables.

 
LIV

... vio (Sancho) que por el camino por donde él iba, venían seis peregrinos con sus bordones, de estos extranjeros que piden la limosna cantando;
(...) y como él era caritativo además , sacó de sus alforjas medio pan y medio queso, de que venía proveído, y dióselo, diciéndoles por señas que no tenía otra cosa que darles.

Sí “socialista” sancho,
tu ínsula está en los caminos,
como la del quijote que llevas en el corazón.
En ellos
encontrarás siempre peregrinos
que te pedirán ayuda,
y ayudándolos encontrarás lo que buscas :
la felicidad de dar y recibir,
compartir lo tuyo y lo suyo,
como es propio de los insulanos libertarios,
de los que viven en esas ínsulas “utópicas”
basadas en la distribución de las riquezas naturales
y encaminadas a la emancipación individual y colectiva,
para conseguir “un mundo mejor”
dentro del archipiélago corrrupto
del capitalismo o del liberalismo camuflados de socialismo.

 
LV

A lo menos no seré tan venturoso como lo fue mi señor don Quijote de la Mancha cuando descendió y bajó a la cueva de aquel encantado Montesinos (...). Allí vio él visiones hermosas y apacibles, y yo veré aquí, a lo que creo, sapos y culebras.

Comprendo, amigo sancho,
que te lamentes de tu desgracia y de la de tu rucio,
que no veas en las simas en las que caes
más que sapos y culebras.
Tu don quijote no está contigo,
de lo contrario él te mostraría los mismo jardines y palacios
que ve en las cuevas de Montesinos.
El poeta no ve con los ojos de la cara
sino con los del alma,
y donde los sanchos ven sapos y culebras
el quijote poeta ve estrellas.
Y llegando las desgracias
- en la soledad que éstas conllevan -,
cuando los sanchos se lamentan de su dolor,
el poeta lo sufre en silencio, en su interior,
y se lamenta por el dolor del mundo que lo rodea.
Pero no te preocupes, sancho;
tu don quijote te sacará
de la oscuridad de las mazmorras
y curará tu ceguera.

 
LVIII

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos : con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni mar encubre. Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida; y, por el contrario, el cautiverio es el peor mal que puede venir a los hombres.

La libertad, querido nómada poeta,
no solamente es uno de los más preciosos dones,
sino el único que todo hombre busca
como razón y fin de su existencia.
¿Qué otra cosa hace en su vida
si no es debatirse por la libertad?
Desde que el hombre es hombre
ha luchado por su subsistencia,
para librarse de las cadenas de la necesidad,
de los grilletes de la pobreza
que hombres privilegiados le han impuesto
- estos mismos, “esclavos” de las riquezas-.
Camino hacia la libertad económica,
desde la primera huelga conocida,
la de aquellos trabajadores de las tumbas de Tebas
- 1170 antes de nuestra era -,
hasta la última manifestación antimundialista de nuestra época;
todas las guerras,
revoluciones y contrarrevoluciones sociales
- políticas o religiosas -
han sido económicas,
han nacido de la pobreza, de la miseria,
de la necesidad de una clase social o un pueblo
de salir de la intolerable esclavitud
que otros hombres egoístas y con ambición de poder
le han impuesto por la fuerza
para apropiarse de los tesoros que el mar esconde
y encierra la tierra.

¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!

Venturoso el poeta comprometido,
que no busca riquezas,
que no pide favores ni a nobles, ni a políticos,
ni a clérigos, ni a militares...
que no se casa con nadie
y que puede usar su libertad de pensamiento y expresión
en beneficio y defensa de los más débiles.
Y puede estar orgulloso de pelear a lo humano,
porque a lo divino,
tal y como lo hicieron otros hidalgos
- con un espíritu de anarquismo cristiano -,
hoy está condenado.
¿Dónde quedaron aquellos caballeros cabecillas
del movimiento de la Teología de la Liberación?
Preguntádselo a vuestra Santa Madre la Iglesia,
que lo sabrá responder,
y a nuestros gobernantes y “pedegés”,
cómplices inductores de su condenación.

 
LIX

... sustenta la vida que más que a mí te importa, y déjame morir a mí a manos de mis pensamientos y a fuerza de mis desgracias. Yo, Sancho, nací para vivir muriendo, y tú para morir comiendo.

Sí, asendereado poeta,
hay veces que miras hacia atrás y te preguntas :
¿Qué he hecho de útil en mi vida
a parte de los errores que he cometido?
¿Para qué o a quién ha servido mi existencia?
¿Es que merece la pena continuar el camino?
Hasta ahora has buscado la gloria, digamos,
a través del servivcio a los demás,
muriendo poco a poco
en la búsqueda de la justicia y de la verdad.
Pero, ¿es que has conseguido tu objetivo?
Cuantas empresas has emprendido,
o bien han sido un fracaso
o bien, por insignificantes, han sido pasto del olvido.
¿Tu nombre?
Sí, puede quedar en la antología anónima
de los poetas malditos,
de los que hicieron camino teniendo fe en sí mismos
esperando que un día sus versos fueran leídos.
Pero a tu edad
comienzas a ver la realidad,
a darle razón a tu sancho,
que nunca vio encantamientos, ni gigantes, ni castillos...
Presientes la muerte cercana
y dudas de ti mismo.
¿Qué has sido en tu vida?
Una pasión inútil, dirá el filósofo;
dicho de otro modo :
carne de cañón para el poder antropófago
y juego en las manos del destino.

 
LX

No es sancho el que se rebela contra ti
- querido caballero -;
es el pueblo,
que ve en ti a un hombre viejo
que quiere imponerse a su voluntad,
que pretende hacer justicia
- su justicia -
para que se cumplan sus deseos
a costa de sus sufrimientos.
Y los sanchos de carne y hueso - el pueblo -
también se pueden hartar de servir y rebelarse
cuando se les priva de sus derechos.
¿No le dijiste antes a tu sancho
que la libertad es uno de los más preciosos dones
que a los hombres dieron los cielos?
¿Por qué quieres quitársela a él ahora?
¿Te sientes decepcionado de los últimos sucesos,
y no pudiendo vengarte del destino
pretendes hacerlo en tu escudero,
en tu otro yo, en tu pueblo?

 
LXVI

Aquí fue Troya; aquí mi desdicha y no mi cobardía se llevó mis alcanzadas glorias; aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas; aquí se escurecieron mis hazañas; aquí, finalmente, cayó mi ventura para jamás levantarse.

No hables así, querido quijote poeta,
y escucha la voz de sancho :
tan de valientes corazones es, señor mío,
tener sufrimiento en las desgracias,
como alegría en las prosperidades.
¿Por qué ese pesimismo en tus desdichas?
Siempre has guardado entereza en tus adversidades,
siempre has justificado tus desgracias
como algo ajeno a tu persona,
aunque congénitas a la naturaleza humana.
¿Por qué ahora tendrías que tirar la toalla
y caer en la desesperanza del común de los mortales?
¿No quedamos antes
en que si el fracaso es innato al caballero andante,
también lo es el levantarse de la tierra
y continuar el camino en todo instante?
Si has obrado con imprudencia
- el error es humano -
acepta la realidad y mira hacia adelante :
en el horizonte
siempre brillará la estrella de la justicia y la verdad,
razón de tu existir como poeta errante.

 
LXVIII

Amor, cuando yo pienso
En el mal que me das, terrible y fuerte,
Voy corriendo a la muerte,
Pensando así acabar mi mal inmenso;
(...)Así el vivir me mata,
Que la muerte me torna a dar la vida.
¡Oh condición no oída
La que conmigo muerte y vida trata!

Cuanto más te acercas a la muerte,
más consciente eres de lo que ha sido tu vida :
una pasión inútil - como dijimos antes -,
tanto en lo concerniente al amor a tu dulcinea
como a la lucha - también por amor -
porque se haga justicia en el mundo.
Y vencido y decepcionado, sólo deseas morir
para librarte del dolor que existe
y que haces tuyo en esta tierra
para vivir eternamente sin cadenas.
No puedo menos de poner en paralelo
aquel otro deseo de tu colega Teresa :
Sólo con la confianza
Vivo de que he de morir,
Porque muriendo el vivir
Me asegura mi esperanza;
Muerte do el vivir se alcanza,
No te tardes, que te espero,
Que muero porque no muero.
¿Y qué es la vida sino
vivir muriendo por el objeto deseado?
¿Y qué es la poesía en la vida del poeta
sino una muerte lenta en aras del amor,
de la belleza, de la lucha por la justicia,
hasta que sus huesos se confundan con la tierra?
¿Y qué puede desear más el poeta quijote
- después de haber vivido una vida intensamente -
que la muerte, para encontrar la verdadera felicidad
en unión con la naturaleza
donde tiene su origen y el fin de su existencia?

 
LXXI

¡Qué hideputa eres, amigo sancho!
Por el pan baila el can.
Pero eres un hideputa bueno y fiel.
Si aceptas sufrir,
lo haces un poco por tu otro yo, tu amo,
otro poco por tu familia, tu pueblo,
y sobre todo por dinero.
Y por una vez te doy la razón :
¿por qué has de sacrificarte si no estás convencido
de que tu sacrificio sirva para algo
convirtiéndose en una buena acción?
¿Por qué el sufrimiento por el sufrimiento
- mística que nos han inculcado desde siempre -,
que sólo lleva a la humillación?
¿Quién inventó ese modus vivendi?
El poder, sin duda alguna,
tanto el religioso como el político.
Desde los más remotos siglos existió la esclavitud,
mujeres y hombres explotados en provecho de unos pocos,
usando el sufrimiento como medio de dominación.
Por eso, amigo sancho, haces bien en rebelarte.
Y el que quiera que sufras por algo o por alguien
que lo pague en tu provecho,
pues la retribución del trabajo
no está reñida con el amor.

 
LXXIV

No se muera, vuesa merced, señor mío, sino tome mi consejo, y viva muchos años; porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía.

¿Quién dijo que habías muerto?
Los que nunca les interesó que existieras.
Incluso Miguel de Cervantes se equivocó
cuando certificó tu defunción.
El poeta nunca muere
y don Quijote de la Mancha nunca murió,
como lo demuestra el patrimonio popular
que ha hecho de nuestro manchego
un personaje vital
como lo fuera su mismo autor.
Y así lo manifiestan inconscientemente - por ejemplo -
los numerosos visitantes
del convento de San Esteban de Salamanca
cuando - en su florido claustro gótico -
el cicerone burlón de turno
les enseña con ironía la pila bautismal
donde fue bautizado nuestro hidalgo.
- ¡Ah, yo no sabía que había sido bautizado aquí!
- dice sin reflexionar el “pardillo”-.
Don Quijote de la Mancha
sigue vivo en la mente del pueblo;
y sobre todo, en el alma del poeta comprometido.
Murió Alonso Quijano el Bueno
- que el pueblo apenas conoce -.
Pero El Caballero de la Triste Figura
sigue haciendo estragos por los caminos,
en las ventas, en los castillos,
en las iglesias, en las sinagogas, en las mezquitas,
en las salas de audiencia, en las cárceles, en los parlamentos...
allí donde brillan la verdad y la justicia por su ausencia.
El poeta comprometido con la sociedad
ha tomado el relevo,
ha tomado la lanza y la pluma, y sigue luchando,
deshaciendo agravios y enderezando entuertos,
no siempre con la eficacia deseada,
pero siempre con el mismo espíritu batallador
de nuestro Caballero.

 
N/B.- Las citas de esta obra, presentadas en letra cursiva, están tomadas de “Don Quijote de la Mancha”, editado por “Ediciones Dalmau Socías” (Barcelona 1983).
Muchas de estas citas están puestas en verso, según la conveniencia del autor; aunque siempre conservando la puntuación de dicha edición.
También están escritos en letra bastardilla aquellos refranes y proverbios que el autor trae a cuento, sin pertenecer a la obra del “Quijote” que lo ha inspirado.
 


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