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"El acto de la creación en Nemesio Sánchez"
“Entre la luz y la materia”
Ed. : Caja Duero, 2001.
Las fotos están tomadas en los talleres de los artistas : Edith de Vries, Camille De Taeye, Philippe Lothaire y Manolo Castañón.




¿Qué satisfacción más profunda existe que sentirse dios?






El grito del creador
hecho luz
en el lienzo, en la piedra o en el verso,
pasa por el silencio,
meditación en solitario
sobre la vida de las cosas,
sobre el vertiginoso vivir de los seres,
sobre el misterio inalcanzable de los astros,
sobre la fugacidad del tiempo
en el renacer continuo del universo.





Una lucha surge
en la mente del artista
entre la luz y la materia :
dar o negar la vida a los elementos,
para entrar en el corazón
del hombre y de los objetos que lo rodean.





La materia la transforma en color
que primero estampa
en el lienzo de su alma;
hacer coexistir esta simbiosis
en el mundo exterior
es el reto y el fin
del sueño del creador.





Entra en el mundo
y huye de la realidad;
en la catarsis provocada
se abandona en el universo
del lenguaje y de las formas,
penetra en la materia
ignorando lo material;
sueña y nos hace soñar.






¿Deshumaniza la realidad?
La transfigura, la sublima...
El creador -poeta- comienza
donde la naturaleza acaba.
Construye espacios sin fronteras
donde el alma del espectador
da libertad a sus alas.





No es “dolor de parto”...
lo que experimenta el autor
ante un bloque de mármol,
frente a una hoja virgen,
o delante de un lienzo blanco;
es sed de vivir intensamente
el momento de la creación.





Dar a luz es doloroso, sí;
pero no lo es el acto de la creación.
¿Qué goce más grande existe
que el acto del amor?
¿Qué satisfacción más profunda
que sentirse dios?





Sin masturbarse en su propio “yo”,
haciendo del lenguaje
- palabra, volumen o color -
camino de perfección,
sendero que lleva a su intelecto,
medio de comprensión para el lector.
 





Y de la tierra
- de lo real -
surge el color idealizado, la metáfora,
ese instinto humano de
no llamar las cosas por su nombre
como en la vida diaria;
el hombre necesita soñar
para vivir mejor la realidad.





El padre de la obra
es un hacedor de mentiras
basadas en lo real;
a las ideas preconcebidas
les da cuerpo,
les da vida idealizándolas.
Pero el concepto
nunca será realidad.





Es parte de “su verdad”;
a través de la obra
podremos ver su alma,
la sangre que corre por sus venas,
la alegría reflejada en su cara
o el dolor producido por una llaga...
Pero de la reproducción de su idea
nunca brotarán lágrimas.






El autor no tiene nombre,
desaparece,
se convierte en voz anónima
suspendida de una música,
de una forma,
o de un color...
dejando paso al concepto “arte”
en esa ocultación de la persona humana.
 





¿Impotencia humana?...
“¡Dios ha muerto!”;
pero si un día existió
no ha habido hombre que lo haya sustituido.
El creador
plasma lo que vive en su interior
después de haber observado el exterior,
sólo recrea e idealiza
lo que ya existe bajo el sol.





¿Dónde está la transcendencia?
En nuestra imaginación,
en esa sed de belleza
que existe en nuestro interior.
El artista nos propone
ser actores,
hacer de nuestra vida ilusión...





...eternizar el pasado bello
y un futuro incierto anhelado
en un presente orgiástico,
como puede ser el amor.
La obra material no es eterna,
como no lo es tampoco el acto de creación.
¿Por qué no comparar el todo
con un acto efímero de amor?...





... efímero pero intenso,
sensual,
dejando en libertad a los instintos,
incluso el sexual,
tan próximo a la creación
que se confunde con la actividad
de las potencias del alma.






El fuego no vive
si no se le alimenta,
los ojos no lloran
si no siente el alma,
la obra terminada no respira
si no tiene pulmones el artista;
no hay sueño que pueda hacerse realidad
si antes no hemos rumiado
la tierra consumida.
 





¿Qué es, si no, vivir?
“La vida es sueño”,
es recorrer el camino
inversamente a lo vivido:
el ansia de idealizar,
tomar el sueño por realidad.






El artista goza en su quehacer
cuando une pasión, voluptuosidad y amor
ante su obra desnuda -inacabada-;
acaricia la materia, las palabras...
como mima el cuerpo del ser amado
antes de su posesión.
Terminada la obra -poseída-,
se hunde en el vacío de eternidad deseada
como si hubiera hecho el amor.
 





Si un cuadro, una escultura o un poema
presentara el sujeto como se concibe un concepto
- abstrayendo la materia -,
podríamos hablar de eterno;
pero el resultado son detalles,
expresiones exteriores, materiales,
de lo que -en el momento de la creación- ha vivido
el pintor, el poeta o el escultor.





En la fugacidad del momento
y en la duración del tiempo en que se ha creado
se basa su pretendida “eternidad”;
lo eterno no está en lo representado,
está en el espacio vital que existe
entre lo no dicho a través de los siglos
y un presente, vivido o imaginado.





El pincel, la pluma o el cincel
conocen la dificultad de penetrar la materia;
el creador, la imposibilidad de entrar en los objetos;
tropieza con el obstáculo de darles vida,
choca con la limitación de sus sentidos.
En los confines de la materia y del espíritu
toma conciencia de su destino.





La misión del creador
es ser trovador de la existencia
(poeta, sólo poeta-hombre),
grito en el vacío
con eco de eternidad
que se estrella contra la muerte
- su destino -.
 





Pero antes vive,
sufre, goza, odia, ama...
en su obra terminada
brilla la llama de lo que fue esperanza
de ver el mundo en color
para construir un mañana.





... aunque el pincel deje caer óleo rojo
- reflejo de matadero -,
o la pluma escupa tinta negra
- color de la miseria -,
o el cincel arroje chispas
- lágrimas de estrellas -.





Como el abeto
no toca fondo con sus raíces
y es flecha abierta al universo,
el artista pisa tierra
y pone su mirada en el cielo.






Es silencio y bullicio
en su vertical ahilada;
de la soledad hace alimento
para gritar luego con fuerza
el sueño que vive en cada momento
colgado entre la luz y la materia.
 





Y materia es también el hombre,
luz su espíritu;
a la grupa de estos dos conceptos
el humano vive
la oscuridad de su existencia.
¿Dónde se sitúa el creador?...





... siempre en la tierra...
con el fulgor propio
que emana del hombre-poeta,
comprometido en alma y cuerpo
con la indigencia y miseria que le rodean.






No es santo, ni político, ni profeta...
es hombre entre los hombres,
es testimonio de alegrías y de tristezas,
es “el revolucionario”,
agitador de espíritus,
terrorista de conciencias...
 





... sin prostituirse
en el lumpen mafioso y carcelario
de parlamentos o de iglesias;
él busca en solitario
el camino de la belleza,
el rostro escondido en el corazón de las cosas,
y pone de manifiesto que lo bello
en el hombre brilla
por su frecuente y dolorosa ausencia.





El creador-poeta
es “médium”
entre el hombre y la naturaleza;
a ésta le roba el concepto de bello
plasmando la idea,
a aquél le da la posibilidad de poseerla.
En el silencio de su existencia
hace preguntas al mundo,
nunca le da respuestas.





Contra viento y marea
se pone del lado de la indigencia.
El pintor, el escultor o el poeta,
pretenden dar color a la vida
de los que viven en la sombra,
incluso si algunos
- humanos -
también flirtean con la riqueza.
 





El artista
no se regodea en la indigencia,
a lo màximo la presenta...
para hacer tomar conciencia
a los quebrantahuesos del poder
y a los indiferentes,
que la pobreza -su obra-
lleva a la miseria.





Y la miseria
- donde no cabe belleza -,
es la negación de las potencias del hombre;
cuando se instala en el alma
es mejor pegarse un tiro en la garganta.





El creador
es comunicación con todos los seres,
comunión con los que aman;
él se encuentra
en un espacio que se sitúa
entre la sonrisa del cuerpo
y las lágrimas del alma.
 





Su obra
es la resonancia que queda en el aire
después de sonar una campana
- triste, alegre -,
incluso cuando calla;
nosotros la percibimos
como reflejo vivo -aunque fugaz-
de lo que sintió su alma.





Sea en la abstracción -hermetismo-
o en la figuración,
el escultor, el poeta o el pintor
- todo creador -
transciende la materia;
de lo individual crea universalidad:
da vida
a ese duende invisible que viaja
con las alforjas llenas de belleza
y la deposita a la puerta de nuestras almas.





Si abrimos esa puerta
- sea en tiempo de tormenta o de bonanza -,
o nos hiere el rayo de luz
o nos irradia de esperanza...
éxtasis que quisiéramos hacer eterno
en nuestra vida diaria.


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