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"Azahar"
Ed. : “Galerie 2016”, 2007
La edición original está publicada con dibujos de Camille DE TAEYE.
Extracto




Como aves migratorias
siempre volvemos a los países de la memoris,
allí donde el amor nunca muere
- somos nosotros los que morimos -,
allí donde cicatrizan las llagas.











No podía ser otra
la que clavara sus ojos en mis ojos
con mirada de azucena;
la que con sus manos de querubín
hiciera vibrar todos mis sentidos
como en el cielo
parpadean las estrellas;
la que con su boca de sol naciente
despertara el volcán de mi cuerpo
que luego se atenuaría
al dejar caer mi lava en ella;
la que - dulce marea -
cubriera de besos mi cuello
dejando huellas de melancolía
- lágrimas-perlas de sal en la arena -;
la que al contacto de sus suaves y turgentes senos
me hiciera planear como cigüeña primaveral
sobre montes, valles y mesetas;
la que con su aliento
hiciera estremecer mi pecho abierto
como dulce reja de arado que abre la tierra;
la que con sus labios y lengua
levantara una marejada de goce
en mi mástil enardecido
como por un fuego de Santelmo
en las noches de tormenta;
la que al roce de su flor de adormidera ardiente
- soto de lujuria en llamas -
hiciera sentirme con ella
centro de la creación.
Era ella,
manantial de sudor y de elexir de hembra
la que bañaba mi cuerpo
hecho ribera...

Cuando me desperté
seguí soñando
que yo habitaba en ella.





Si tú eres silencio que habla en la noche,
yo soy el grito de amor en las sombras;
si tú eres claro de luna que baña el paisaje,
yo soy el sol que engendra el alba;
si tú eres aurora de incendio que anuncia el día,
yo soy el rocío perlado de la mañana;
si tú eres Pacha Mama de la montaña primaveral,
yo soy el río que riega y fecunda su falda;
si tú eres tierra adentro de vastas llanuras soleadas,
yo soy el océano abismal que la circunda;
si tú eres arena dorada de playa,
yo soy la resaca cristalina a la luz de la madrugada;
si tú eres ola azul de mar en calma,
yo soy la furia del rayo en la tempestad;


si tú eres velero soñador que busca la tierra,
yo soy el céfiro que sopla en el mar;
si tu eres dueña de suelo por cultivar,
yo soy el labrador que lo fertiliza;
si tú eres agricultora de sueños por realizar,
yo soy el arado que bina la gleba antes de sembrar;
si tú eres campo secreto en barbecho,
yo soy la reja que se hunde en el misterio;
si tú eres tierra sedienta de aguas minerales,
yo soy la noria de manantiales inagotables;
si tú eres surco de terreno en tempero,
yo soy la simiente del cereal;
si tú eres pan ázimo por amasar,
yo soy la levadura que fermenta la masa;
si tú eres flor de harina,
yo soy la hogaza de trigo candeal;
si tú eres horno flameante,
yo soy la brasa incandescente que dora el pan...






En el silencio lacerante de la distancia,
hoy vuelves a mi hogar
en forma de llama,
fuego que aviva los recuerdos,
brasa que mantiene el calor
en la noche fría de mi lar
esperando que llegue el alba.

Lucero de la mañana,
hoy vuelves a mi alma
- en un silencio lacerante -
anunciando ese día que no llega,
tiempo de sementera que ya me abrasa.
Tierra mía de labranza,
sueño de mis manos de labrador
que esperan acariciar las colinas y praderas
de tu cuerpo, hoy en lontananza;
ilusión de mis ojos en época de sequía,
incertidumbre de mis labios en barbecho,
esperanza de mi reja
que anhela hundirse en tu gleba.
Hoy vuelves a mi lar
- en un silencio lacerante -,
sol que mantiene mi vida
- a cada paso que doy -
esperando el mañana.






Estoy muy cerca de ti,
tan cerca como el aire que respiras,
como tu aliento
que ayer fue también mío.
Déjate llevar por el viento del amor
y, desnuda, acércate a mi
sintiendo tu propio cuerpo;
entretanto
yo te vestiré de abrazos y besos.
Busca las huellas de mis manos
en los surcos de silencio dejados en tu pelo
y en la saliva cristalizada por mi lengua,
sedimentada en la salina cobriza de tu cuello.
Mírate en el espejo de tu rostro
y verás mis ojos de deseo reflejados
en el abismo verde-azul de la retina de tus ojos
- centenlleantes luceros -.

Búscame en las ascuas rojas de tus labios
impregnados hoy aún
del calor tórrido de mis besos.
Pasea tus manos
por las colinas de tus senos
y el valle de tu vientre;
en sus voluptuosos ríos y vergeles
encontrarás todavía el deleite
en las huellas de mis dedos y manos de jardinero.
Búscame en la hoguera,
en las aguas vivas de los labios ingunales ardientes;
allí descubrirás de nuevo la fuente del placer
donde mis labios apagaron su sed
y mi lengua avivó el incendio.
Déjame entrar en tu sanctasanctórum
- vestal celosa del fuego -
para que sintamos los dos
las palpitaciones de nuestra sangre y
el estremecimiento de nuestras venas
entre las paredes de la dulce cárcel de tu templo.
Déjame confundirme contigo,
déjame que riegue todo tu ser en la distancia
con el esperma del sueño...
Yo estoy cerca de ti, muy cerca en alma,
y soñando también lo estoy en cuerpo.





Tu silencio en la distancia
es como el sonido de las campanas de una catedral
que navega en lontananza
surcando un mar tranquilo de trigo dorado.
Su música sacra y sensual
se difunde y embalsama el universo donde vivo
- solo, lejos de ti -
confundiéndose con la melodía de mi sangre
que se ha tornado en cascada tropical
por la presencia ausente de tu cuerpo :
tu cabellera de potra salvaje
y tu cuello de gacela en celo dándote al viento
me ha traído el perfume de la primavera
hasta la ebriedad de mis sentidos;
 

tu boca de rosa con pétalos de fuego
- bajo la presión de nuestros labios -
incendia todo mi ser de bosque desecado;
tus senos victoriosos brotan de una juventud eterna,
y mis manos viajeras alcanzan y amasan la felicidad
cuando el sueño de sentir el mundo entre mis brazos
ya lo tomo como realidad;
tu piel cobriza, color de miel,
y tus muslos soleados
abren de par en par la ventana
que separa la luz del día
de la lúgubre noche en que vivo,
en lo que ya me parece una eternidad
desde el último día que te entregaste.
Veo tu jardín de diosa humana en ofrenda
humedecido por el rocío cálido primaveral del deseo
esperando que nuestros cuerpos se unan
- nuestros corazones en un solo cuerpo -
para formar de nuevo
un incendio de pasiones saciadas
sin tener necesidad de evocar el recuerdo.







Y llegó el día anhelado
de volver a comer del mismo pan
y de beber de la misma copa
junto al fuego del amor.
Pasaron los días y las noches
cuando tú sólo eras sombra fría,
sombra que yo abrazaba
como se puede abrazar la muerte.
Hoy has vuelto a ser tierra temperada, vida:
la he descubierto de nuevo en tu mirada,
he vuelto a abrevarme en el manantial de tu boca,
he apagado mi sed en la fuente de tus labios,
la he sentido en el estremecimiento de tus pechos,
en la vibración de tu vientre;
me has ofrecido toda la alegría y el placer
de la cosecha recogida.
Me invitaste a entrar en tu granero;
me abriste de par en par sus puertas
y me brindaste el molino de mis fantasías.
Allí hemos molido juntos el grano,
hemos comido del pan que juntos amasamos,
y de nuevo
hemos bebido de la misma copa
embriagándonos de placer
- junto al hogar del amor -
cuando se confundieron nuestros cuerpos
hambrientos y sedientos.
 







Tierra mía preñada de esperanzas
en la que, lejos, soñé ayer...
Hoy te labré palmo a palmo
con mis manos aún entumecidas por el dolor
del que, desde hace tiempo, no tocó la esteva,
del que vio hundirse la reja en el vacío de tu ausencia.
Hoy volví a caminar por tus lomas y praderas
impregnándome de la fragancia que exhalaban tus poros
al contacto de mi cuerpo
después de una larga espera.
Hoy volví a acariciar tu piel de tierra
con la mirada, con las manos, con la reja...;
tú - mi amada parcela - te dejaste hacer,
abriste tus entrañas para que yo pudiera
sembrar a voleo toda la simiente
que llevaba en mis alforjas
reservada para ti.
En silencio
me abriste de nuevo la puerta de tu alma,
sentí de nuevo la vida en tu cuerpo :
el ardor en tus labios,
la dulzura en tus senos,
el sudor en tus axilas,
el estremecimiento en tu vientre,
la humedad entre tus piernas,
el fuego lujuriante de tu drosera hambrienta...
Te abriste y te diste toda entera
para que yo pudiera realizarme
sembrando mi amor en ti
y a través de ti poseer el universo.
 







Ya no necesito interrogar a tu mirada,
ni escuchar tus palabras
u observar tus gestos...
he palpado la eternidad en tu alma,
he sentido vibrar los segundos en tu cuerpo.
Te has hecho tierra sazonada,
océano y playa,
valle y montaña...
cosmos
donde mi cuerpo, hecho volcán en erupción,
ha dejado caer la lava
confundiéndose con la sangre
de tu cuerpo transformado en morada.
Te has dado recibiendo,
has salido de ti
para que yo entrara
en lo más íntimo de tus entrañas.
El silencio con el que me acogiste
me dijo aún más
que tus palabras, tus gestos, tus miradas...
Hoy me siento parte de tu cuerpo
en el que reposa mi alma.
 







También te amo
cuando tu cuerpo-volcán
despide ceniza y sangre,
cuando no puedo acercarme
al foco de tu fuego
que alimenta mi ser,
cuando sólo me permites volar
- cóndor imperial -
en el cielo de tus senos, circos lunares,
cuando apenas puedes ofrecerme tu boca
para sentir el seísmo en tu carne,
cuando tus manos me transmiten
las sacudidas que experimentas
en tu cono volcánico color azabache,
cuando en tu vientre - hecho valle -
corre la lava venida de fuera,
cuando tú - volcán en erupción -
te encuentras impotente
para acogerme en tu cráter.
 







Recostada la cabeza sobre tus senos
escucho los latidos de tu corazón que
- hipogrifo desbocado -
resuenan en las arterias de mi cuerpo,
llanura sin fronteras;
sus latidos
- música de Orfeo -
abren ventanas en el aire,
donde cuelgan estrellas de nácar
que parpadean al ritmo de tus ojos
y se bañan en la sensualidad que tú me entregas...
bajo el cielo,
ese mar que se abre en tus pechos alados
en el que navego hacia mundos paradisíacos.
El lenguaje que utilizas
es sinónimo de silencio,
un silencio que tiene luz, color,
olor, sabor, tacto :
la luz que ha permanecido en tu cara
después de haber hecho el amor,
el color rojo de ascua que quedó en tus labios,
el olor y el sabor de tu boca,
de tu cuello, de tu vientre y de su rasgadura abierta...
que han impregnado todo mi cuerpo,
el tacto de tus pulposos senos que
- olas de mar en calma -
me llevan lejos, muy lejos,
entre la realidad y el sueño.
 







Oigo una campana,
el grito del silencio de la muerte,
de una muerte presentida
- todas las muertes son anunciadas -.
Es el eco del tiempo fugitivo,
el reloj de una torre encantada,
el ruido de la ciudad
que quiebra el cristal de una ventana,
es el dolor que se clava
en nuestros cuerpos unidos por el amor
en un suelo frío y dura almohada,
es el sufrimiento de sentirse humanos
y de vivir atrapados por nuestra propia carne,
miedo a la soledad de la noche
que esperándola,
atraviesa nuestro corazón como una espada.
Es la angustia de dos almas
conscientes de que el tiempo pasa,
la hora en la que dos amantes se separan :
la separación también es muerte
cuando el amor abrasa.
Muerte es tu ausencia
- en el silencio astral de esta oscuridad -
aguardando a que de nuevo llegue el alba.
 


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